Dispositivo sonoro aéreo perfeccionado. Se reivindica con este título un conjunto compuesto por una nave aérea, tal como helicóptero, avioneta, dirigible, o globo, en cuyo interior se instala un equipo integrado por: - Un pequeño motor diesel (nº 9, figura 1) - Un generador eléctrico o dinamo (nº 8, figura 1) - Un equipo de varias baterías eléctricas de 12 voltios cada una (nº 7, figura 1) - Una pletina de sonido de cassettes, o de cinta magnetofónica (nº 6, figura 1) - Un ecualizador (nº 5, figura 1) - Un equipo de dos o más amplificadores de sonido: un amplificador por cada altavoz (nº 4, figura 1). En el exterior de la nave aérea, precisamente bajo su fuselaje (nº 1, figura 1), o en sus costados inferiores, se instalan: - Un equipo de dos o más altavoces o cornetas de gran potencia sonora (nº 3, figura 1), colocados verticalmente y con sus bocas mirando hacia abajo. - Una pantalla reflectora de sonido (nº 2 figura 1). El funcionamiento de todo ese conjunto es como sigue: El motor diesel (nº 9, figura 1) acciona al generador eléctrico (nº 8, figura 1) produciendo este una corriente eléctrica que adaptada convenientemente es enviada a la serie de baterías eléctricas (nº 7, figura 1), con objeto de que estas acumulen la suficiente energía eléctrica necesaria para el consumo eléctrico continuado del restante equipo megafónico antes mencionado, sin necesidad de que ese consumo de electricidad se realice a costa de las baterías propias de la nave aérea, lo que no sería aconsejable. Una vez que se dispone de esa fuente de energía eléctrica independiente en el interior de la nave aérea, es transmitida a la pletina de sonido de cassettes (nº 6 figura 1) para su funcionamiento. También es transmitida al ecualizador (nº 5, figura 1), a los amplificadores (nº 4, figura 1), y asimismo a los altavoces (nº 3, figura 1), con objeto de que todos elementos o aparatos realicen sus funciones normales, que son: la pletina de sonido que se encuentra grabado en su cassette, o en la citada cinta, pudiendo ser ese sonido un parlamento, y también cualquier música. Ese sonido es, a su vez, graduado en sus tonos graves y agudos por el ecualizador. A continuación es transmitido electricamente el sonido resultante a los amplificadores, que siendo de la capacidad adecuada, aumentan esa potencia sonora en extraordinaria proporción. Y finalmente, esa potencia acústica llega a los poderosos altavoces, que la lanzan al aire, ya en forma de sonido. En este caso concreto, este volumen de sonido puede alcanzar la medida de 80 decibelios. Y este es el necesario para llegar a la tierra con toda claridad desde una altura de unos 1.000 metros, cubriendo un círculo de aproximadamente unos 250 metros de diámetro. Naturalmente, todos esos aparatos mencionados estarán conectados debidamente entre sí por los correspondientes cables. La potencia de ese sonido será graduada para que llegue a tierra con el justo volumen sonoro para que sea entendido perfectamente por los que looigan, pero sin que llegue a atronar. Esa medida del volumen del sonido vendrá dada en función de la altura a que se halle la nave aérea y del lugar de tierra a que ese va destinado, siendo menor para el campo, espacios abiertos y pequeñas localidades, y mayor (más fuerte) para las grandes ciudades con gran cantidad de ruido propio, ya que este neutralizará, en cierta proporción, al llegado desde las alturas. La exigencia de que la nave aérea vuele a 1.000 metros de altura se debe a que a esa distancia su motor (especialmente en el caso de ser naves ligeras) ya no es audible practicamente desde tierra, además de que el propio sonido de los altavoces lo neutralizarán. Si se hiciera volar a la nave a bastante mayor altura, habría que incrementar la potencia de todos los componentes del equipo megafónico, lo que aumentaría de tal modo su peso y volumen que haría prohibitivo técnica y económicamente la práctica de este dispositivo. Puesto que la cantidad de decibelios que saldrán de esos altavoces será elevadísima y ensordecería a los inmediatos tripulantes de la nave aérea, estos llevarán colocados auriculares especialmente calculados para proteger sus oídos, semejantes a los utilizados por los pilotos de los aviones de guerra, astronautas, y los sirvientes de las grandes piezas de artillería. Para contrarestar en parte ese ruido inmediato irá colocada bajo el fuselaje de la nave aérea (nº 1, figura 1) y sobre los altavoces, una pantalla (nº 2, figura 1) curvada hacia abajo, de material refractario al sonido, que forzará a que el volumen de sonido no ascienda tan libremente y, al mismo tiempo, contribuirá a que, por reflexión, se dirija más directamente hacia abajo. Aunque todos los componentes mencionados de ese equipo de megafonía pueden instalarse en cualquier nave aérea, será más práctico colocarlo en helicópteros debido a que estos pueden quedar detenidos en el aire, y también avanzar lentamente, con lo que se facilita notablemente su objetivo de cubrir una zona deterreno durante largo tiempo, o de alcanzar a cubrir grandes extensiones de terreno sin que lo que emitan deje de oirse continuamente por numerosas personas.